Hay una nube errante en el entorno
de la memoria viva, es una veta
de sombra, deshaciendo la silueta
grabada hasta un espacio sin retorno.
Un vacío sin nombre, que completa
el dolor desgastado de la ausencia.
Pero ausente aún deja en la conciencia
su blanda cicatriz como una grieta,
donde el tiempo se lleva sin sentido
el sueño de una vida hacia el olvido.
Y adentro de esta piel, donde consumo
un corazón que sueña todavía,
mi lumbre es una luz, hecha poesía.
La llamarada ardiente se ha hecho humo.
Mabel Fontau
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