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lunes, 13 de febrero de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
El último soneto del año 2011 - 24 de Diciembre de 2011
Felices aquellos que pueden
volar sin alas, porque ellos tienen
ganado el reino de los cielos.
volar sin alas, porque ellos tienen
ganado el reino de los cielos.
Martín Ascheri Moyano
FELIZ
La felicidad se abre en una tarde.
Un lecho de palabras, la instantánea
de un ocaso de sol, y la espontánea
pasión de un fuego cuando muere y arde.
Es la dicha en la forma sucedánea
de mi ahora. Mi amor, por lo vivido,
soy feliz con tu amor desconocido
y con mi amor de dicha subterránea.
Feliz de ver la luz de tu existencia,
ser esperanza abierta en tu conciencia
y amar tus sueños con mi amor rendido.
Feliz de ser tu vuelo. Sin partida.
Yo estuve y estaré siempre en tu vida.
Y aún después de mi último latido.
Mabel Fontau
Un lecho de palabras, la instantánea
de un ocaso de sol, y la espontánea
pasión de un fuego cuando muere y arde.
Es la dicha en la forma sucedánea
de mi ahora. Mi amor, por lo vivido,
soy feliz con tu amor desconocido
y con mi amor de dicha subterránea.
Feliz de ver la luz de tu existencia,
ser esperanza abierta en tu conciencia
y amar tus sueños con mi amor rendido.
Feliz de ser tu vuelo. Sin partida.
Yo estuve y estaré siempre en tu vida.
Y aún después de mi último latido.
Mabel Fontau
Poema premiado - Noviembre de 2011
UNA HOJA
Entregada a los brazos de la ráfaga,
su danza es una caracola de oro
en el espacio lento de la tarde,
hasta perderse en dulce despedida.
Entre una espesa multitud doliente
se suma con su nota quejumbrosa
a la gris sinfonía del otoño,
clamando la presencia de un sol tibio
que acaba de escaparse entre los árboles.
Y sigue su camino en la marea
chispeante y vagabunda de la plaza.
El creciente destino de un ritual,
el de una realidad ineludible
que cumple con su entrega hacia el olvido.
Mabel Fontau
Entregada a los brazos de la ráfaga,
su danza es una caracola de oro
en el espacio lento de la tarde,
hasta perderse en dulce despedida.
Entre una espesa multitud doliente
se suma con su nota quejumbrosa
a la gris sinfonía del otoño,
clamando la presencia de un sol tibio
que acaba de escaparse entre los árboles.
Y sigue su camino en la marea
chispeante y vagabunda de la plaza.
El creciente destino de un ritual,
el de una realidad ineludible
que cumple con su entrega hacia el olvido.
Mabel Fontau
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