
SECUESTRO
Hay una playa blanca entre dos mundos
que desteje sus redes de tiempo
con manos ciegas.
Su universo es un círculo de auroras.
Las rocas se acercan a mis pies
para llevarme a las cumbres rodantes
y azules de la desmemoria.
La tarde cincela en el espacio
sus perfiles de hoguera;
me parece escuchar los latidos
de las horas que se queman
lentamente.
Desde el ritual de fuego
sube una bandada de pájaros
que secuestra mis ojos.
Regresa a contraluz un dolor vago,
casi irreconocible,
tal vez, un dulce presagio de la sombra.
Y el silencio de la noche escribe
sobre un crespón de espuma
palabras que no puedo entender.
Pero me habitan.
Mabel Fontau


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